28 octubre 2019
Según un informe del Fondo de la ONU para la Infancia Japón en el primer lugar para la salud infantil, ya que tiene la tasa más baja de obesidad infantil entre 41 naciones estudiadas de la OCDE.
Según los especialistas, el ambiente o entorno alimentario influye en los estándares de obesidad de la población. Estos incluyen el conjunto de factores sociodemográficos, culturales y económicos que rodean a las personas, tales como la disponibilidad, acceso y la calidad de los alimentos, las costumbres de alimentación de cada país o cultura, el marketing, la publicidad, y la información disponible o etiquetado nutricional, entre los factores más importantes.

La población mundial que sufre obesidad ha superado por primera vez a la que pasa hambre, según los datos preliminares de un informe que presentado recientemente por la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Por ejemplo Chile seguido de Uruguay tienen las mayores tasas de sobrepeso infantil de América Latina y el Caribe con 9,3%, superando el promedio regional de 7,5% de la población menores de 5 años.

Contraria es la realidad de países desarrollados como Japón, que ha logrado tener excelentes indicadores para la nutrición y la salud de sus niños, manteniendo además una incidencia muy baja de la obesidad. ¿El secreto? El almuerzo escolar el cual incluye lácteos como parte integral de la dieta.

El país nipón, según el estudio publicado por la ONU, tiene la tasa de obesidad infantil más baja entre las 41 naciones desarrolladas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Unión Europea. Según los expertos, varios factores entran en juego, entre ellos la atención particular que prestan los japoneses a la salud, los controles médicos regulares organizados para los niños y, sobre todo, el papel clave del almuerzo escolar.

En todas las escuelas primarias y en la mayoría de los colegios de Japón se sirven almuerzos cuyo menú está decidido por nutricionistas, además, los almuerzos son obligatorios y los platos o los bocadillos llevados de casa no están autorizados. Cada comida está preparada para incluir cerca de 600 0 700 kilocalorías repartida de manera equilibrada entre glúcidos, carnes, verduras y acompañados por leche.
Como ejemplo, una comida escolar de la región de Gunma (centro), la componen arroz con pescado asado y un plato de espinaca con semillas de soja, servidos con sopa de miso con cerdo, todo acompañado de leche y ciruelas.

La leche como siempre juega un rol importante en la dieta diaria de niños en desarrollo. Además de contener calcio, la leche y sus derivados aportan otros elementos esenciales para el desarrollo de los huesos, entre ellos está el fósforo y el magnesio. Los minerales de la leche y sus derivados ayudan a regular la frecuencia cardíaca y la transmisión de impulsos nerviosos. Los quesos son los lácteos que aportan más calcio, por ejemplo, un alimento que es fácil de incluir en las colaciones y almuerzos escolares.

Siguiendo con el caso japonés, las escuelas no sólo se limitan a alimentar correctamente a los niños, sino que además se les educa en cuanto la relevancia de una nutrición balanceada. En las escuelas primarias, los alumnos utilizaban imanes con imágenes de alimentos que colocan en diferentes categorías en un cuadro en blanco, aprendiendo así a distinguir, por ejemplo, las proteínas de los glúcidos.

Junto a estas medidas nutricionales, los controles médicos son un aparte integral para velar por la salud de los niños y niñas japoneses. Los resultados aparecen con claridad en las estadísticas: Japón tiene una de las tasas de mortalidad infantil más bajas y el porcentaje de niños de niños de 5 a 19 años con sobrepeso u obesos es de 14,4%, mucho menos que en la mayoría de los países desarrollados.
 
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